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El impacto de la urbanización en la vida salvaje local.

La expansión global de las ciudades y la infraestructura urbana en los paisajes naturales ha traído profundos cambios a los ecosistemas; este constante crecimiento de las ciudades ha puesto a la vida salvaje bajo constante presión. Además, la permanente necesidad de brindar vivienda a la creciente población, así como medios de transporte e infraestructura industrial y comercial, ha deteriorado los hábitats naturales de muchas especies e igualmente ha producido una gran pérdida en la biodiversidad de estas zonas y alterado procesos ecológicos fundamentales.

Uno de los impactos más directos de la urbanización en la vida salvaje es la fragmentación de los hábitats. Cuando las ciudades se expanden sobre zonas naturales, pueden crear divisiones y límites entre las zonas ecológicas; igualmente, la conurbación de los espacios rurales produce el aislamiento de estas, que son rodeadas y fragmentadas por la infraestructura humana; esta fragmentación restringe el movimiento de la vida salvaje y causa dificultades en el acceso a los recursos alimenticios, además de dificultar la reproducción de las especies, lo cual conlleva una disminución de las poblaciones.

Un estudio del 2018 publicado en Nature Communications encontró que la fragmentación de los hábitats afecta de manera más directa y significativa las relaciones entre mamíferos, particularmente los grandes carnívoros y herbívoros. El estudio mostró que la fragmentación puede reducir el tamaño de las poblaciones animales y limitar su diversidad genética a la vez que los hace más vulnerables a las enfermedades y a las presiones medioambientales. Otro estudio del 2014 muestra cómo especies como el puma de California, que requieren grandes territorios para subsistir, presentaron una significativa disminución en su población y en su diversidad genética debido al crecimiento urbano en la zona de las montañas de Santa Mónica.

Otro problema producido por el desarrollo urbano es que muchas especies nativas deben relocalizarse o adaptarse a condiciones nuevas, lo cual dificulta la subsistencia de especies animales debido a factores como la polución del ruido o la contaminación del agua y del aire. Al mismo tiempo, las áreas urbanas pueden atraer especies no nativas o especies foráneas invasivas que pueden competir con la fauna local.

Un estudio publicado en 2017 muestra cómo los ambientes urbanos pueden atraer especies invasivas debido a las condiciones producidas por el movimiento de personas y de mercancías.

Un estudio publicado en el 2003 muestra cómo la introducción del estornino europeo en América del Norte ha traído efectos nocivos sobre las poblaciones de aves nativas. Los estorninos compiten agresivamente por sitios de anidamiento, desplazando a las especies de aves nativas como carpinteros y otros.

La expansión urbana igualmente produce cambios adaptativos en algunas especies que se ven forzadas a adaptarse a los ambientes urbanos y algunas de estas especies cambian su comportamiento. Un estudio del 2003 muestra cómo el pájaro carbonero ha cambiado el tono y el volumen de su canto para adaptarse a los ambientes urbanos; esta adaptación le ha ayudado a comunicarse en ambientes en donde el ruido del tráfico o de la actividad humana hacen más difícil la comunicación entre animales.

Igualmente, un estudio del 2020 publicado en la revista Science ha encontrado que la urbanización ha producido cambios evolucionarios en distintas especies. El estudio muestra el caso del ratón de pies blancos en la ciudad de Nueva York, donde las poblaciones que habitan en la zona urbana tienen diferencias genéticas comparadas con las poblaciones de zonas rurales. Estos cambios han sido producidos como adaptación para sobrevivir en ambientes fragmentados y contaminados.

Otra afectación importante producida por la urbanización son los cambios producidos sobre los ciclos naturales de la vida salvaje, particularmente a través de la polución lumínica que interrumpe y modifica estos ciclos. Muchos animales nocturnos dependen de la oscuridad de la noche para sus actividades cotidianas, como, por ejemplo, la búsqueda de alimento, la navegación y el apareamiento; las luces artificiales cambian significativamente sus comportamientos. Un reporte del 2016 de la sociedad ecológica de América encontró que la polución lumínica interfiere con los patrones migratorios de las aves, ya que estas navegan utilizando las estrellas. La enorme cantidad de luces artificiales de las ciudades interfiere con sus patrones migratorios y de alimentación y reduce su supervivencia.

Otro problema serio es que las estructuras de altura en las ciudades representan obstáculos para el desplazamiento de las aves. En un estudio del 2019 se muestra cómo en la ciudad de Chicago decenas de miles de pájaros mueren cada año al estrellarse con edificios altos.

La urbanización no solo afecta a los animales terrestres, también afecta a los animales acuáticos. Los ecosistemas acuáticos cercanos a las ciudades sufren drásticos cambios como resultado de la contaminación y la modificación de los flujos naturales del agua. Las aguas lluvias vertidas por las ciudades, en algunos de estos ambientes naturales, generalmente contienen contaminantes químicos y, en algunos casos, metales pesados que alteran significativamente la calidad del agua e impactan gravemente a la vida acuática.

Un estudio realizado en 2005 sobre el impacto de la urbanización en los ecosistemas de agua dulce encontró que las corrientes de agua urbanas sufren de lo que ha sido denominado el “síndrome del río urbano”, producido por toda la contaminación, la fragmentación de los hábitats acuáticos y el cambio de los flujos del agua. Este estudio observó cómo las especies de pescados disminuyen significativamente cuando las corrientes pasan por zonas urbanas y además mostró cómo las especies menos capaces de adaptarse son reemplazadas por otras que son más tolerantes y pueden sobrevivir en aguas más turbias y con menor cantidad de oxígeno, como por ejemplo las carpas y los bagres.

Estos graves impactos de la urbanización sobre la fauna natural pueden ser mitigados a través de estrategias, como por ejemplo la creación de corredores de vida salvaje urbanos, los cuales conectan hábitats fragmentados y permiten a los animales moverse libre y seguramente entre ellos. Un ejemplo de esto es el cruce de vida salvaje de Liberty Canyon en Los Ángeles, un proyecto diseñado para proveer un corredor seguro a la vida salvaje a través de los suburbios de la ciudad, particularmente para permitirles cruzar de manera segura las autopistas. Además, este corredor ayuda a reconectar hábitats fragmentados y aumentó la diversidad genética de los animales salvajes de la región, como lo demuestra un estudio del 2012. Otras estrategias importantes son la implementación de techos verdes, parques urbanos y arborización urbana con especies nativas que crean microhábitats para varias especies.

Es claro entonces que, aunque la creciente urbanización ha producido graves impactos sobre la vida salvaje de las zonas naturales que ocupan las ciudades, estos daños se pueden mitigar a través de estrategias que protegen los sistemas ecológicos, prestando beneficios no solo para la ecología urbana, sino también para los habitantes de las ciudades.

Referencias

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